miércoles, 4 de mayo de 2011

EL GASTO PÚBLICO EN EL GOBIERNO DE JOSÉ LÓPEZ PORTILLO

El sexenio de José López Portillo es recordado como la antesala del liberalismo económico en México. Desde la segunda mitad de la década de los setenta, en el contexto del convenio que se tenía con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para el control de la estabilidad macroeconómica, ya se auguraba el destino del país en los años posteriores en materia de pérdida de soberanía en las decisiones económicas importantes. Aunque López Portillo asumió una posición política fuerte en contra de las recomendaciones y la intromisión en asuntos económicos internos por parte de este organismo.

La realidad es que desde su sexenio, la política económica estuvo permeada por la influencia de la ortodoxia imperante en dicha organización. En una primera etapa (Tello, 2007) los resultados de las medidas fueron el crecimiento de la economía por lo menos en un periodo consecutivo de cuatro años, pero con fuertes presiones sobre los precios.

En el contexto internacional a inicios de la década de los ochenta con Reagan en Estados Unidos y Tatcher en Inglaterra, comienza lo que podría denominarse la era neoliberal en el sistema económico mundial, y con ello, la decadencia y el desprestigio de los gobiernos populistas sobre todo en los países en desarrollo, los cuales, al menos hasta ese año, seguían impulsando a sus economías sobre todo a partir del gasto público y el financiamiento a partir del déficit fiscal.
Como se observa en el gráfico uno, el gasto público como porcentaje del PIB en México mantuvo una tendencia positiva en todo el sexenio de López Portillo, eso es evidencia de que el Estado benefactor y las políticas estabilizadoras se resistían a quedar atrás, a pesar de los embates de las ideas ortodoxas que a nivel internacional imponían las economías industrializadas y los organismos como el FMI que hasta la fecha ellas controlan.

Lo anterior se explica en alguna medida por que el grado de relación que tenía la economía mexicana con la estadounidense, a pesar de que ya era considerable en términos comerciales, aún no tenía la apertura y desprotección que en la actualidad vemos, sobre la base agrícola y productiva. En esa medida, en el sexenio de López Portillo hubo programas relativamente exitosos en torno al mejoramiento económico del país, tales como el de la Alianza para la Producción, el apoyo a la producción de alimentos, el combate a la pobreza y el de energéticos (Tello, 2007).
En el gráfico 2 se aprecia que el porcentaje en gasto de inversión como social con respecto al PIB en el sexenio de López Portillo, mantuvo un nivel estable e inclusive aumentó. Lo anterior nos muestra que en este periodo, el Estado aún mantenía una presencia fuerte en la economía en términos de una influencia directa en el crecimiento y en el fomento de la actividad productiva.

En conclusión, se puede catalogar al sexenio como el último en el cual, el gobierno tenía la intención de generar condiciones ad hoc para favorecer en alguna medida la distribución del ingreso entre la población, y beneficiar los sectores clave como la industria y las actividades agrícolas. La historia posterior la conocemos bien, a la fecha hay un debilitamiento enorme de las actividades de alta composición técnica, y el sector agrícola ha llegado casi a su desaparición. En este sentido la lección histórica va en torno a concebir las políticas de liberalismo de mercado como una traba para el desarrollo económico y social del país.

JOSE ANTONIO HUITRO MENDOZA 

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